¿Dejas que tus emociones controlen tu alimentación?

Somos seres emocionales… ¿También comemos así?

Dieta. Cuando escuchamos esta palabra ¿qué nos viene a la cabeza?

Muchos definen esta palabra como una manera de perder peso. Una forma de vernos como la sociedad nos lo indica. Sin embargo, también representa una lucha mental contra el sentimiento de que tú no eres suficiente.

¿Suficiente?

Que si no eres lo suficientemente delgada nunca podrás atraer a nuestra pareja ideal, obtener ese trabajo, ser feliz. La lista de por qué no eres suficiente sigue y sigue.

Dudo que haya una entre nosotras que NO haya intentado una dieta en su vida. Nos restringimos a lo que estas dietas dicen que debemos comer para obtener una solución rápida que, esperamos, nos haga amar a nuestros cuerpos. De contar calorías hasta programas de puntos. 

Sin embargo, ninguna está basada en lo más importante: nutrición, salud y alimentar nuestras emociones, cuerpo y mente. Y ¿alguna de estas dietas funciona? En caso de haber funcionado, ¿fueron la solución de largo plazo para nuestra felicidad? Lo que todas las dietas tienen en común:

  • Te crean un sentimiento de privación;
  • Te hacen sentir como un fracaso cuando te falta la fuerza de voluntad para mantenerte en una de estas dietas con restricciones poco realistas; y
  • Te enfrentan a la posibilidad de que nunca lograrás esa apariencia, como se supone que debemos vernos, actuar y sentir.

Comprendan, mis Divinas Hermanas, que podemos acercarnos a las dietas de dos maneras: sin el conocimiento necesario sobre nutrición y salud, o bien, podemos estar verdaderamente conscientes de qué es lo que necesitamos hacer, pero por alguna razón no podemos lograrlo.

En realidad, nuestra dieta se debe basar en las razones por las que comemos, y no en cuánto comemos. Se trata de escuchar a nuestros cuerpos y escuchar lo que “ella” sabe que verdaderamente necesitamos. Se trata de escuchar la pregunta de nuestro interior: “Hermanas ¿de qué tienen hambre en realidad?”

Tenemos hambre de que nos reconozcan, nos validen, nos amen, nos respeten. ¿Estaremos satisfaciendo esa hambre con comida? ¿Será que dependemos emocionalmente de la comida?

¡Lo más probable es que sí! La comida calma, reconforta. ¿Acaso no es cierto que a todas se nos ha lastimado de alguna manera, y hemos buscado la manera de consolarnos y hacer que “todo esté mejor”?

La comida es nuestra manera fácil y rápida para sentirnos seguras. Es gratificación instantánea, pero no satisfacción de largo plazo. Cuando comemos compulsivamente cosas que no deberíamos, regresamos al punto original: nos sentimos llenas de culpa y avergonzadas.

¡Se convierte en un círculo vicioso!

Sin importar cuanto nos limitemos con estas “dietas”, eventualmente rompemos las reglas porque no estamos alimentando a nuestra alma -a nuestra mente- a nuestro espíritu.
Si tú comes guiada por tus emociones, entonces probablemente te identificarás con esto:

1.      ¿Comes cuando no tienes hambre? Si tu estómago no está haciendo ruidos, indicándote que necesitas alimento para tu cuerpo – entonces, probablemente significa que lo que necesitas es nutrirte emocionalmente. Por eso… hace un chequeo de tus emociones. Observa lo que en verdad tu cuerpo necesitas que veas, reconozcas, escuches. Entonces pregúntate a ti misma si tu necesidad de alimentarte es física o emocional.

2.      ¿Comes en secreto? ¿No quieres que nadie sepa qué estás comiendo? A veces, ocultamos lo que comemos en verdad – e incluso nos mentimos a nosotras mismas sobre las cantidades. ¿Por qué? Porque nos da miedo pensar que si alguien se enterara de esto, entonces SABRÍAN que hay algo que está mal con nosotras. Acallamos el dolor, comiendo y digiriendo nuestras heridas del pasado. Pero ¿por qué no te permites experimentar todas tus emociones? Hermana, somo seres cíclicos y también los son nuestras fases emocionales. Permitete sentirlas – entiende la diferencia entre aquello que necesitas, lo que deseas y lo que no.

3.      ¿Te sientes culpable después de comer? Acabas de devorar un plato entero de helado de chocolate con bombones, ¿qué te dice la voz dentro de tu cabeza? “No debí de haber comido eso”… te lo repite una y otra vez. Nos privamos a nosotras mismas de la felicidad, del gusto que nos provoca esa comida “prohibida” para sentirnos satisfechas. Cuando tomes una decisión, debes de hacerlo para disfrutar… no como castigo. 

4.      Mis Queridas Hermanas – por favor dense cuenta de que no pasa NADA malo con ustedes si se sienten identificadas con estas razones. Simplemente significa que han tenido una formación e información equivocadas y que necesitan aprender sobre la nutrición y alimentación adecuadas. Al alimentarte a ti misma por razones que no tienen que ver con tu apariencia, entonces lograrás estar sana y esta salud se extenderá a tu mente, cuerpo, emociones y espíritu.

5.      ¡Come con gusto! Esto nos permite sentirnos valiosas y saber que merecemos nutrir a nuestro cuerpo (nuestro Templo). Cuando restringimos nuestra comida; ya sea que comemos de más, comemos de menos, o hacemos mucho ejercicio para poder comer más o caemos en cualquier otro tipo de extremos… ¡Entonces estamos debilitando nuestra profunda y sagrada conexión con la Vida misma!

¡No comas con miedo! Porque si lo haces, así vivirás la vida – con miedo de que todo está en tu contra.

Recuerden, Queridas Hermanas – tomen decisiones que las nutran integralmente – y entonces, sus cuerpos y sus mentes trabajaran en armonía, colaborando de una manera hermosa, llena de confianza.

Con amor,

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