¿Quién te ayudó a moldear tu imagen corporal?

Hola Divinas Hermanas…

Este mes celebramos el Día de la Madre.

Esto nos hace pensar en todas esas figuras femeninas que han sido modelos en nuestras vidas… nuestras madres, tías, abuelas y otras mujeres… que desde nuestra infancia han ayudado (o perjudicado, porque también pasa) a moldear e influir en nuestra imagen corporal. Estas influencias pueden ocasionar que tengamos unas expectativas corporales inadecuadas e, incluso, que tengamos una mala imagen corporal y nos avergoncemos de nuestro cuerpo.

Me parece que siempre hay un lado positivo ante cualquier elemento negativo o sombra en nuestras vidas. Así que quiero hablar sobre cómo podemos dejar atrás estos patrones. Sobre cómo nosotras, como Mamás Divinas y figuras a seguir en la vida de muchas mujeres jóvenes, podemos acabar con esta idea de que deben de “verse perfectas”.

Aún más importante… cómo podemos enseñarles actitudes saludables que mejoren el futuro de nuestras jóvenes Divinas Hermanas.

Entonces — veamos tres formas en las que yo, en lo personal, desarrollé ese sentimiento de vergüenza por mi cuerpo debido a las figuras femeninas en mi vida. Puede ser que te identifiques con los tres o quizá con solo uno de estos ejemplos. Pero, si entiendes de qué se trata la Renovación Divina y estás leyendo esto – estoy prácticamente segura de que encontrarás similitudes en tu vida:

  1. Puedo dar testimonio de que el sentimiento de vergüenza por mi cuerpo definitivamente vino de las figuras femeninas en mi vida. La mayor parte de estas ideas vino de las hermanas de mi mamá – mis tías (aunque mi mamá también padecía un poco de Trastorno Dismórfico Corporal).  Desde que tengo memoria, mis tías tuvieron problemas con su imagen corporal. Siempre estaban a dieta. Todo el tiempo estaban preocupadas por su peso. Nunca fueron obesas, ni siquiera gordas, pero el estar batallando todo el tiempo para ser “perfecta” era el mensaje que ellas me transmitían.
     
  2. Al haber sido criada dentro de la sociedad colombiana –famosa por Miss Universo y otros concursos basados en la belleza—todo el tiempo se le daba una gran importancia a mi apariencia física. Mi cultura estaba obsesionada con las reinas de belleza y con lograr tener las medidas perfectas: 90 cm-60 cm-90 cm. Las mujeres eran reducidas a una “fórmula” -- ¡Una medida de la perfección!
     
  3. Recuerdo que me decían que estaba engordando, cuando, en realidad, no era cierto. También me decían que mi cabello era muy rizado y otros tantos comentarios “inocentes” que dañaron mi imagen corporal. Todos sabemos que las heridas se vuelven cicatrices y las cicatrices pueden ser permanentes.

Incluso comentarios que parecen tan inofensivos como “Tienes la nariz de tu abuela” (la cual resulta ser enorme) o “Tus dedos torcidos de los pies me recuerdan a los de tu tía” (y tú sabes que la gente se burla de los dedos de tu tía) o el peor de todos “Se te nota más la panza, creo que estás engordando”. O quizá estás en el otro lado del espectro “Estás tan flaca que pareces un palillo.” Sí, también a las mujeres delgadas se les hace sentir pena por su cuerpo.

Por inocentes que puedan ser, estos comentarios pueden causar heridas profundas y cicatrices. 

Estoy segura, querida Hermana, que al menos uno de estos comentarios o alguno similar, seguramente causó una gran impresión en la imagen que tienes de ti misma. ¿Verdad? Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos romper este patrón?
 
Estas son algunas cosas que podemos hacer, como Mamás Divinas y figuras femeninas:

  1. Podemos poner énfasis en valorar las funciones del cuerpo sobre su apariencia. Hablar sobre las razones físicas para estar en forma, por razones de salud – no para encajar dentro de una “fórmula” de las medidas perfectas.
     
  2. Debemos de decirle a las mujeres jóvenes que reconozcan su cuerpo – que nunca lo comparen con el de nadie más. ¡Que amen el cuerpo en el que nacieron!
     
  3. Ayudemos a nuestras “hijas” a enfocarse en lo que su cuerpo puede hacer, no en su apariencia. Cambiemos el punto de vista del “cuerpo como objeto” a “el cuerpo como sujeto”. Esto guiará a nuestras Divinas Hermanas para que desarrollen una imagen corporal positiva.
     
  4. Recuerda que esto no se trata de ti, sino de las necesidades de las niñas y mujeres jóvenes. Debemos permitir a nuestras jóvenes e impresionables Divinas Hermanas ser quiénes son en verdad. No debemos imponerles una imagen visual de cómo creemos que deberían verse.

Quiero decirles que me parece que el mayor regalo que una madre o figura femenina puede dar a una joven es Apreciación, Compasión y Amor Propio.

Cada futura Divina Hermana debe de poder SENTIR el amor que le brindamos… para que ella pueda amarse a sí misma.

Con mucho amor,

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