Lo siento… ¿o no?

Cuando era pequeña no encajaba en el molde de la estudiante “perfecta”; la niña “obediente”; ni en muchas otras “normas” culturales. Me regañaban por ser ruidosa, tener muchas opiniones, ser muy traviesa.

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A algunas Hermanas quizá les hayan dicho que son muy delgadas, muy gordas, muy tímidas y muchos otros comentarios que jamás ayudaron a nuestra autoestima.

Estos comentarios acerca de lo que lo que se considera normal, nos afectan de muchas maneras. A veces, pueden hacerte sentir como si tu verdadero yo – esa persona que estás destinada a ser-- estuviera mal o fuera imperfecta por no encajar en los paradigmas de lo típico y lo aceptado.

Y eso fue lo que te hizo sentir culpable por hacer todas esas cosas, de ser tu misma de forma espontánea.

Entonces, ¿qué fue lo que, tanto yo como muchas otras personas como yo, empezamos a hacer? Sentirnos culpables. Me sentía inferior a aquellos que parecían encajar por completo. Por supuesto, cada vez que me regañaban les decía a mis padres, maestros y otros adultos “Lo siento – Intentaré ser mejor la próxima vez.”

Pero la verdad — aunque intentaba ser más calmada o hablar menos en la clase – ¡Esa era yo y mi forma de ser! Esto resultó en que constantemente tuviera que estar diciendo “Lo siento”. En sentirme culpable frecuentemente por pensar que estaba haciendo algo mal.

Ni siquiera estoy hablando de lo que mis compañeros decían… me refiero a esas personas de las cuales yo quería aprobación — los adultos, los maestros, mi familia y cualquier otra persona a quien yo quisiera complacer, pero que siempre decepcionaba de una u otra manera.

Conforme envejecemos, aunque maduramos y nos apegamos más a las reglas— es muy posible que sigamos siendo esa persona que sentía que hacía las cosas mal. Que no encajaba. Que se sentía culpable y buscaba maneras de calmar ese sentimiento de culpa por ser diferente.

Algunas de nosotras buscamos aprobación y amor en los lugares incorrectos, con las personas equivocadas. Otras acallamos nuestras inseguridades con comida, drogas o alcohol. Para aquellas de nosotras que hemos sido consideradas “diferentes” – hay que agregar el hecho de que somos mujeres. Somos parte de esas Hermanas Divinas de quienes se esperaba no solamente que se comportaran y conformaran – sino también que cuidaran de los demás, fueran compasivas y tuvieran básicamente cualquier otro atributo maravilloso.

Por ser mujeres– ser amable, perfecta, educada es la única forma de ser -- ¡La forma correcta!

Debemos de crecer para ser las novias perfectas, esposas, madres, vecinas – ese parece ser nuestro destino en la vida.

Fue así como lo aprendimos. Aprendimos a sentirnos culpables.

Adquirimos un patrón de comportamiento en el cual nos ponemos a nosotras mismas en último lugar y hacemos lo que se nos pide – o nos sentimos culpables por no poder – y nos disculpamos continuamente.

Alguna vez leí que la palabra “No,” en apariencia negativa, puede convertirse en algo positivo. Simplemente, si nos piden algo que NO podemos hacer y nosotras decimos “No” – esto resulta en algo positivo. No solo para nosotras mismas, también para quienes nos rodean.  

Hacer esto, terminaría con ese sentimiento de resentimiento hacia aquellos a quienes ayudamos cuando realmente no podemos hacerlo – y mejor aún, haría que tuviéramos mayor respeto por nosotras mismas. En suma, un resultado positivo.

¿Puedes pensar en todas esas veces en las que has dicho lo siento y aceptado la culpa, solamente por ser tú misma?

¿Qué pasaría si en todas esas ocasiones en las que te sentiste obligada a decir “sí”, hubieras dicho “no”?

En honor a tu Yo sagrado,

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